Acerca de la respuesta a la respuesta de Alfredo Torrado
Precisiones sobre la participación en las instituciones burguesas, un artículo de Malime
inSurGente.- La transición de la forma de dominio dictatorial franquista a la “democrática” monárquica supuso no sólo una concesión en un aspecto básico del marxismo como es la función histórica y clasista del Estado, sino sobre el carácter democrático del propio partido que permitiera su funcionamiento de forma objetiva con el que poder ligarse a las masas trabajadoras, para poder ejercer su influencia revolucionaria educadora y dirigente, no suplantadora del protagonismo revolucionario que las compete asumir, por muy confundidas y alienadas que en este momento puedan estar. Hagan clic en "Leer más" para acceder al texto íntegro.
Acerca de la respuesta a la respuesta de Alfredo Torrado Precisiones sobre la participación en las instituciones burguesas. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=70512
por Malime
Esta polémica surge en Rebelión a raíz del artículo Fin de la izquierda parlamentaria http://www.rebelion.org/noticia.php?id=69109 de Alfredo Torrado que dio lugar a mi comentario ¿Fin de la izquierda parlamentaria…o de toda la izquierda incluida la extraparlamentaria? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=69806
Desde nuestra subjetividad, algunas frases sacadas de contexto no solo de un determinado artículo sino del conjunto del pensamiento marxista y leninista, además, sin tener en cuenta el momento histórico que les tocó vivir, pueden dar lugar a críticas parciales que sin darnos cuenta pueden cuestionar su fondo filosófico. Interpretar el marxismo de forma dogmática en vez de lo que en realidad es, una guía para la acción revolucionaria en permanente autocrítica y desarrollo.
Sin embargo, frases tan sintéticas como “el proletariado organizado como clase dominante”, utilizada por Marx y Lenin, que resumen la concepción clasista marxista y leninista del Estado, el de los trabajadores frente al Estado burgués, no son tenidas en cuenta en toda su dimensión filosófica. Si lo hiciéramos, desde el método materialista dialéctico, nos ayudaríamos a realizar análisis objetivos de la realidad en que vivimos y de la realidad histórica que les tocó vivir a Marx y Lenin. Personalmente me considero incapacitado para poder criticarlos, teniendo en cuenta el contexto histórico en el que nos ofrecieron sus escritos y sobre todo su coherencia práctica en la forma de vida que demostraron desde su pensamiento filosófico.
Tanto Marx como Lenin criticaron a los reformistas por querer perfeccionar la maquinaria estatal burguesa en vez de destruirla y mandarla al basurero de la historia, una vez triunfante la revolución socialista, lo que permitiría a los trabajadores organizarse como clase dominante de forma directa y permanente de abajo arriba. Es decir el trabajador, en toda su unidad y contradicción dialéctica social e individual, liberado del trabajo enajenado capitalista, potenciando toda su creatividad político-productiva desde los lugares naturales donde produce y convive con los demás seres político-productivos, fundamentalmente desde los lugares donde labora y puede ejercer en toda su dimensión su actividad creativa.
Cuando se dice: “Pero, tras la degeneración y la desaparición del bloque socialista, la vía electoral, por sí sola, ha vuelto a conducir, en una palabra, a la socialdemocracia, es decir, al reformismo y la traición”. Es evidente que esta frase da lugar a la conclusión final de Fin de la izquierda parlamentaria, que reproduzco en mi anterior comentario. Esta argumentación que es cierta y refuerza las tesis reformistas, también puede reforzar a las tesis izquierdistas al considerarla como elemento con la que refutar el leninismo cuando defendía la instrumentalización de las instituciones burguesas, considerar que la realidad actual, por ese uso, desdice a Lenin en su crítica a los izquierdistas “comunistas”.
Cuando Marx y Lenin defendían el Estado del proletariado organizado como clase dominante y la instrumentalización revolucionaria de las instituciones burguesas, no existía el bloque socialista. Lenin, lo mismo que Marx no caen en el izquierdismo cuando resaltan los avances del Estado y la Democracia burguesa, lo resaltaban desde la dialéctica histórica, no dogmática idealista, como si fuera algo en sí mismo a considerar independiente de la realidad, de la sociedad dividida en clases sociales antagónicas. No defendían ese modelo organizativo de la clase social minoritaria en el poder que es la clase burguesa, esa forma de delegación de la actividad política por la mayoría social explotada en la llamada clase política, a través de la cual la burguesía defiende sus privilegios con la falsa división de poderes: legislativo, ejecutivo, judicial y más el llamado cuarto poder con el que realizan su trabajo alienante y represivo, fundamentalmente ideológico. Debemos de insistir aunque nos repitamos infinitamente, defendían “el proletariado organizado como clase dominante”, con una forma alternativa de poder que en nada se asemeja al del Estado burgués, donde es posible la participación político-productiva directa y permanente del pueblo, sin falsas divisiones, legislando y ejecutando al mismo tiempo.
No caían en el reformismo ni en el izquierdismo cuando, admitiendo que la democracia era un avance para los trabajadores, seguían defendiendo enviar al basurero de la historia al caduco estado burgués. Desde su dominio del materialismo dialéctico, lo que planteaban era el instrumentalizar revolucionariamente esa realidad política burguesa. Es cierto que no desarrollaron formulas sobre cómo intrumentalizar las instituciones burguesas, no eran dogmáticos para en general dar formulas concretas que sirvieran en cada lugar. Correspondía a los revolucionarios de cada lugar, desde la realidad del conjunto material y momento político en cada lugar, el formular las alternativas de lucha concretas que permitiera la lucha alternativa desde esa realidad de democracia burguesa. No todas las democracias burguesas son iguales en sus formas, aunque su fondo responda a un fin común. No todas tienen leyes de partidos políticos, como sucede en España, pero todas esas democracias burguesas como forma del Estado burgués, están dispuestas a ejercer su represión “democrática” contra las organizaciones revolucionarias y el conjunto de los trabajadores cuando consideren cuestiona el orden de poder establecido.
Finalmente estando de acuerdo con la crítica que se hace al PCE por su falta de democracia interna, solo añadir que sin coherencia ideológica marxista y leninista desarrollada al actual momento histórico es imposible la democracia interna y elaborar un proyecto organizativo revolucionario.
La transición de la forma de dominio dictatorial franquista a la “democrática” monárquica supuso no solo una concesión en un aspecto básico del marxismo como es la función histórica y clasista del Estado, sino sobre el carácter democrático del propio partido que permitiera su funcionamiento de forma objetiva con el que poder ligarse a las masas trabajadores, para poder ejercer su influencia revolucionaria educadora y dirigente, no suplantadora del protagonismo revolucionario que las compete asumir, por muy confundidas y alienadas que en este momento puedan estar.
La polémica que mantuvo Lenin con Martov sobre si el partido tenía que ser abierto a cualquiera que quisiera integrarse o solo a los de probada adhesión revolucionaria, es de actualidad en el PCE y en muchos otros grupos que se consideran revolucionarios. Hoy cualquiera puede ser “afiliado” (no militante revolucionario) por el simple hecho de pagar una cuota y decir que está de acuerdo con los estatutos. Hoy la situación para poder comprobar la capacidad revolucionaria de los militantes es mucho más compleja que la que se daba en Rusia, donde las contradicciones materiales eran tan evidentes al conjunto de pueblo que eran de más fácil explicación, hoy, sin dejar de ser más elevadas las contradicciones, sin embargo debido a la moderna tecnología mediática, e ideológica represiva que dispone el poder imperialista, unido a la debilidad ideológica de la dirección del PCE y el conjunto de la militancia da lugar a la dificultad de explicar al pueblo su compleja situación, las complejas contradicciones, que se comprendan aspectos básicos del marxismo y leninismo señalados anteriormente, finalmente se traduzca en el abandono revolucionario que sí tenía la organización en tiempos de la dictadura, constituida sobre una base celular y de comités desde abajo que permitía a los militantes, aun en aquellas difíciles condiciones políticas, vincularse directamente al pueblo y ejercer su influencia revolucionaria, en las fábricas, los barrios populares, etc. La estructura organizativa actual es semejante a la de la socialdemocracia, adaptada a las nuevas condiciones políticas reformistas que permitan el apoyo al sistema institucional burgués, con agrupaciones heterogéneas que se movilizan en los periodos electorales.
Aunque coincidimos en el anterior trabajo (Contra la "democracia", donde se recomienda su lectura), sobre el fondo crítico hacia la sociedad opresora que es la capitalista, sin embargo es conveniente matizar aspectos que pueden inducir a considerar al Estado y la Democracia como algo en si mismo independiente del hecho material clasista, como decía Marx divinizar la democracia y el estado al “colgar el Estado del cielo”. Siempre el Estado independientemente de su formulación, es democracia para la clase en el poder, al mismo tiempo que dictadura para la clase social sometida.
La democracia es una forma de Estado, se dice, cuando debemos decir que es parte del Estado, si al referirnos a él lo hacemos desde una concepción materialista, es decir si Estado y Democracia lo asociamos materialmente en vez de idealistamente, y con objetividad lo asociamos a la base material en que se sustenta, que no puede otra que la clase social que está en el poder. No existen estados sin democracia ni democracias sin estados, como la moderna burguesías pretende hacernos creer, algo que sí consiguen sea aceptado por los reformistas. Históricamente lo podemos comprobar, en la democracia ateniense, que dio lugar a la moderna democracia burguesa, había el estado esclavista, democracia para los esclavistas pero de hecho era la dictadura más brutal para los esclavos.
En el esclavismo los oligarcas de la época dividían a los seres humanos en esclavos y en seres libres. Ellos eran seres libres, entre ellos se reconocían en esa condición “democrática”, ese ejercicio político que servía a sus necesidades y desarrollo productivo de la época, pero la inmensa mayoría no eran incluso reconocidos como seres humanos, eran explotados sin ningún derecho, meros instrumentos de producción, como sucede con el mismo significado en la sociedad moderna capitalista donde se considera a los trabajadores meros objetos de usar y tirar cuando ya no les sirven mandándolos al basurero del paro. A los modernos esclavos se les considera sociedad civil, obligados consciente o inconscientemente a depositar su responsabilidad política en la llamada clase política, en los modernos tribunos y partidos administradores del orden capitalista. Democracia de la mayoría no existe, a pesar del llamado sufragio universal, porque se idealiza el término, la realidad material es la que tenemos: explotados por una minoría social que son los explotadores. Democracia espiritual pero muy material para la burguesía y dictadura espiritual pero muy material para los explotados.
Lo complejo, dada nuestra debilidad ideológica marxista desarrollada al actual momento histórico, es cómo hacer llegar a los más próximos esa confusión que padecemos sobre aspectos básicos del marxismo y el leninismo, de forma que finalmente se haga llegar al conjunto del pueblo y conseguir, entre todos superar la alienación que en mayor o menor medida padecemos cada uno, para conseguir liberarnos material-espiritualmente.
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