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El esquife, Garzón... y el pirata respondón
Batalla naval en el Índico



por Amadeo Martínez Inglés


Desde Lepanto, cuando zurró de lo lindo a los turcos (con el vital apoyo, todo hay que decirlo, de otras afamadas Escuadras mediterráneas como la muy poderosa de Venecia) España no había vuelto a vivir una jornada naval tan gloriosa y exaltadora del espíritu patrio como la del sábado pasado, 3 de octubre de 2009, fecha en la que, después de más de cuatrocientos años de coleccionar derrota tras derrota y fracaso tras fracaso en casi todos los mares del mundo (a cargo de la Flota inglesa, la regular y la corsaria, preferentemente), ha conseguido nuevamente una espectacular victoria sobre el infiel, esta vez somalí, echándole valor, imaginación, preparación para el combate y patriotismo sin límites.

Como un acontecimiento como éste, realmente único y digno de ser estudiado por historiadores y tratadistas militares, corre el riesgo de diluirse en la vorágine informativa y mediática que ha suscitado estos días el secuestro del atunero vasco Alakrana y, en consecuencia, no ser recogido en toda su profundidad por la Historia de este país en general, y de la Armada española en particular, me voy a permitir a continuación, puesto que entra de lleno en mis competencias profesionales, presentar al ciudadano medio español el desarrollo real, sin censuras de ninguna clase, de tan espectacular hecho bélico. Y lo voy a hacer, con el permiso del lector y, sobre todo, con el de los familiares y allegados de los pescadores atrapados que, evidentemente, no están para bromas (y a los que yo pediría desde aquí que rebajen su angustia y su incertidumbre puesto que España, como en el anterior caso del Playa de Bakio, pagará religiosamente a los piratas) desde la ironía, la broma personal y la tomadura de pelo institucional. No he encontrado otra manera mejor de hacerlo, vista la irresponsable manera de actuar de un Gobierno y de un ministerio de Defensa que, desde la debilidad militar y la prepotencia política, hace tiempo que han abandonado a su suerte a unos ciudadanos españoles (trabajadores del mar en este caso) a los que deben proteger adecuadamente.



Vaya, pues, amigos, desde el punto de vista de este historiador militar, políticamente muy incorrecto sin duda y hasta insultón y provocador en ocasiones, el relato pormenorizado de la reciente “batalla” naval entre el esquife pirata de la Armada independiente somalí (AIS) denominado E-1, tripulado y defendido por los piratas P-1 y P-2 (puesto que ni el juez Garzón, ni Defensa, ni el CNI han facilitado sus nombres, los denominaremos así) y la poderosa Flota de Intervención a Distancia de la Armada española (FIADAE), compuesta por la fragata “Canarias”, un viejo avión de patrulla marítima P-3 Orión con cuarenta años de servicio y un helicóptero ligero embarcado Seahawk, desplegada en el Índico dentro del ambicioso operativo Atlanta para proteger (es un decir) a los barcos españoles que osen adentrarse en tan peligroso escenario geoestratégico.

El espectacular encuentro aeronaval a que me refiero, y del que sin duda ya tiene constancia el lector, se desarrolló en la noche del 3 al 4 de octubre de la manera que voy a contarles, dejando de lado, ya que los portavoces de Defensa suelen mentir más que los políticos a los que obedecen sin rechistar, las continuas declaraciones del flamante general jefe del Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa (GJPCEMAD), profesional de las armas que estos días se lo está pasando bomba (nunca mejor dicho) contándonos a todos los españoles a través de televisiones, radios y periódicos los oscuros entresijos del peligroso contencioso hispano-somalí abierto tras la captura por parte de los piratas del “Alakrana”. Así como la posterior batalla de la “Canarias” con el llamado “terror del Indico”, el pequeño bote en el que se desplazaban a la costa para adquirir provisiones los dos arriesgados piratas denominados por mí, en espera de que los identifique Garzón, P-1 y P-2; todo ello, claro está, con la preceptiva autorización de la pomposamente llamada célula de coordinación presidida por la vicepresidenta De la Vega y con su compañera de Gobierno, la señora Chacón, ejerciendo de ministra de Defensa salvadora de la patria en peligro.



Pues las cosas sucedieron así:

- El viernes día 2 de octubre de 2009, sobre las 05,40 horas, la fragata Canarias, de patrulla en el Índico, alertada desde Madrid por el susodicho GJPCEMAD, pone proa a toda máquina hacia donde se encuentra el atunero Alakrana, perteneciente a la Flota Atunera Vasca sin Protección Alguna (FAVSPA), que acaba de ser abordado por un comando pirata (12-13 hombres) perteneciente a la AIS (Armada Independiente Somalí) y con base, seguramente, en la ciudad costera de Harardhere, Cuartel General de los piratas somalíes. Como le separan del pesquero nada menos que 800 millas náuticas (1.852 kilómetros) la embarcación de guerra española mete “el avante toda”, con el objetivo de interceptar el atunero gallego secuestrado antes de que llegue a la costa somalí.

- Al atardecer del sábado día 3 de octubre, la Canarias, con la sala de máquinas al rojo vivo y en zafarrancho de combate, avista al pesquero español y se apresta a intervenir. Pero todo dependerá, en última instancia, del binomio operativo De la Vega-Chacón que, sin ver nada claro el como salir de la peligrosa situación y con los generales que las rodean mirando siempre al horizonte más cercano (la famosa célula de coordinación se parece mucho, si hacemos caso a las imágenes que nos sirve la televisión y salvando todas las distancias, a las reuniones de la CIA y el Pentágono con Bush en los días previos a la invasión de Irak), ordena a la fragata española mantenerse al pairo y verlas venir. No quieren por nada del mundo poner en peligro la vida de uno solo de los pescadores de la Alakrana.

- Pero el atunero secuestrado, que había parado máquinas al sentir la presencia del barco español, reinicia la marcha por sorpresa después de soltar el pequeño navío de guerra que lleva a popa (el heroico esquife E-1). y pone rumbo hacia la costa somalí. Esta clara trampa táctica de los secuestradores de la Alakrana, no llegará sin embargo a ser comprendida por la fragata Canarias que se encelará indebidamente con el apetitoso botín que representa el bote pirata, entrando en combate con él sin darse cuenta que sus tripulantes, los ya conocidos P-1 y P-2, son sólo un cebo para que el atunero y los restantes 11 secuestradores puedan llegar a la costa y ponerse a salvo. Este proceder de la fragata española, que luego no tendrá empacho alguno en reivindicar un total éxito en la posterior batalla naval librada con el esquife fugitivo, será la causante de que, efectivamente, los piratas somalíes lleguen con su botín a su base.

- El desarrollo táctico de la “batalla” naval del Índico será, por lo demás, pintoresco, grotesco, desenfocado, inconveniente…, y eso que las FAS españolas, sobre todo las navales, elitistas y trasnochadas, están ya muy acostumbradas a hacer el ridículo en la esfera internacional; no ya tanto por sus mandos, que hacen lo que pueden, como por el material de que disponen, anticuado muchas veces y siempre inadecuado al tipo de misiones que se les encomienda.

Conviene destacar, al respecto, que los piratas del esquife, abordados por unos cuantos marineros armados procedentes de la fragata española después de que el helicóptero de a bordo les lanzara unos cuantos disparos de aviso, no se amilanaron en absoluto y uno de ellos, al decir del Jefe del Mando de Operaciones español, el general Domínguez Buj, llegó a adoptar “una postura amenazante” (el militar no aclaró en su disertación si el somalí levantó el puño al estilo Rodiezmo, hizo un corte de manga a los soldados que se acercaban al bote o echó mano del kalasnikov) por lo que fue tiroteado a distancia y herido con carácter leve. El otro pirata abordado, el menos amenazante, a la vista del proceder de los españoles levantó, no un brazo sino los dos, masculló entre dientes la letanía que rezan todos los soldados del mundo cuando entran en combate y que se inicia con la jaculatoria: “¡Hostias, que me dan!” y se entregó sin resistencia. Habían perdido, sin duda, la batalla pero habían conseguido el objetivo final: Llevar el atunero a la costa y con ello la absoluta certidumbre de que el Gobierno español, para garantizar la vida de los capturados, no tardará mucho en soltar la mosca, esta vez no uno sino dos millones de euros. Por haber atacado y cogidos prisioneros a dos de los suyos y porque, además, los esquifes, la gasolina y las escalas de mano se están poniendo por las nubes con esto de la crisis mundial.



Pero no acaba aquí la cosa, amigos. Llegados a este punto y conseguida la espectacular victoria naval del Índico por parte de la Armada española ¿a quién creen que se le ocurre intervenir chupando rueda de semejante acontecimiento bélico para copar titulares en informativos, radios y televisiones? Pues claro que sí ¡premio! Al inefable juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, que no ha tardado un minuto en abrir procedimiento a los dos terroristas piratas del esquife, a los que quiere traer con urgencia a Madrid para poder salir todos los días en los telediarios. No se da cuenta esta estrella mediático/judicial española que, con ello, está interfiriendo en las negociaciones con los piratas y que su afán desmedido de protagonismo puede mandar todo al carajo. Contando, además, con que los captores del atunero lo primero que van a pedir, antes incluso que el dinero, va a ser la liberación de sus compañeros de aventura. ¿Qué hará entonces el señor Garzón? ¿Negarse a entregarlos y empecinarse en juzgarlos?

Termino ya, y perdone el lector, este largo y peculiar análisis del secuestro del Alakrana enviando un consejo a los armadores vascos y al PNV: no se molesten más en pedir infantes de Marina para proteger los pesqueros porque, lisa y llanamente, no los hay. Apenas dispone la Armada española en estos momentos de unos pocos centenares (hace unos años si que disponía de un importante y muy operativo Tercio de Armada con varios millares de soldados) de efectivos, totalmente insuficientes para dotar con ellos a todos los barcos en peligro de la cantidad necesaria; que nunca podría bajar de una treintena por embarcación. Así que a callar y a sufrir en silencio. La solución está, desde luego, en manos del Gobierno. Ya que no tiene soldados tendrá que echar, cada vez más a menudo, de su maltrecha chequera.

Fdo. Amadeo Martínez Inglés

Coronel. Escritor. Historiador.









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Publicado en: 2009-10-11 (1155 Lecturas)

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