(Un artículo del periodista Daniel C. Bilbao en exclusiva para inSurGente).- La oposición de derechas es un revoltijo de anacrónicos pescadores de río revuelto. Conservadores y macartistas, con las huellas del golpismo en las entrañas, unidos por el espanto -al decir de Borges-, tratan de sobrevivir en esta transición que pulverizó a los viejos partidos políticos. Aspiran a recomponerse y contar con un partido de poder. El Gobierno, lejos de tratar de sepultar a esta oposición apolillada le tira un salvavidas todos los días. Salvavidas que, digamos de paso, no ha sido debidamente aprovechado por los opositores y su proyecto reaccionario.El kirchnerismo fue despreciando aliados por el camino. Con la ley de reforma política, castigó durísimamente a los pequeños partidos de la "centroizquierda", que fueron sus aliados en la estatización de Aerolíneas Argentinas y de las jubilaciones privadas (AFJP), y los acompañaron en la aprobación de la ley de medios. Los ningunearon cuando en un gesto de soberbia y "viveza criolla" anunciaron la "asignación universal por hijo", un proyecto que llevaba años propuesto por la CTA (central de trabajadores).
Como si fuera poco, manipularon la iniciativa de cooperativas "Argentina Trabaja" para ponerla al servicio de su aparato de apoyos subvencionado, y terminaron revolviendo el avispero de organizaciones piqueteras que volvieron a juntarse y a salir a la calle para exigir su participación y el fin del "clientelismo" político practicado por el kirchnerismo. Ahora, los propios intendentes admiten el desquicio causado por el ausentismo de quienes sólo pasan a cobrar el regalito mensual.
Paralelamente, le crecía el peronismo disidente desde las mismas entrañas del partido que ahora ha vuelto a conducir Néstor Kirchner, motivando renuncias en la conducción. Para compensar su distanciamiento de la "centro-izquierda", de los grupos piqueteros no oficialistas y de los disidentes justicialistas no dudó en transar con lo peor del gremialismo argentino representado por el dirigente camionero Hugo Moyano, quien aseguró que el objetivo central del Gobierno -pagar la deuda externa- "es revolucionario".
Estos aliados/votos parlamentarios que le faltan ahora son la consecuencia de una pésima gestión política y marcan qué lejos están de poder conducir un proceso al menos populista para respaldar su proyecto de "capitalismo nacional". Los dudosos votos que obtuvo tiempo atrás de dos senadoras están seriamente sospechados. No casualmente una de ellas es la misma senadora que, apartándose sorpresivamente de los compromisos de bloques, posibilitó en su momento con su voto el tratamiento y la aprobación de la prórroga de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo, que le permitía eludir al Congreso en la fijación de la famosa "Resolución 125" (retenciones a las exportaciones de soja).
El kirchnerismo le dijo voluntariamente adiós a la denominada "transversalidad" que, a caballo de un interesante discurso sobre los derechos humanos, entusiasmó inicialmente a progresistas y reformistas. Ya ni siquiera esta tibieza política lo acompaña, porque el rechazo a contar con estos aliados está fundamentado en su decisión de no ser controlado en sus compromisos con grupos económicos e intereses antinacionales. ¿Cómo respaldar el veto a la ley de protección de glaciares para favorecer los intereses de las corporaciones mineras, o el pago indiscriminado de una deuda externa fraudulenta e ilegítima? Las elecciones en las que perdió la mayoría parlamentaria son una clara señal de los errores cometidos. El proyecto no enamora.
Y por si no se entendió, un dato contundente: según un estudio sindical, la canasta básica de alimentos cuesta el doble que el sueldo promedio. El 70% de la gente gana menos de $ 2.000 (poco más de 300 euros) al mes, en tanto el costo mínimo para la canasta básica lo estiman en $ 3.800 mensuales. Desde que se conoció este estudio la inflación siguió avanzando, al punto de que un aliado como Moyano, el líder de la CGT, rechaza las cifras oficiales referidas al aumento del costo de vida por falsas. No hay discurso ni promesa que pueda atenuar en el ánimo de la población los efectos de la carestía. Sobre todo, si lo comparamos con las cifras fabulosas que las empresas extranjeras sacan del país. El "derrame" de algunas medidas puede retener voluntades en el campo popular pero ¿será suficiente a la hora de las urnas?
De todas maneras, el kirchnerismo cuenta con algunos apoyos convencidos dentro del peronismo, con un "apoyo crítico" en varios intelectuales progresistas y el acompañamiento de ciertos grupúsculos de oportunistas de "izquierda" que vegetan a su sombra. Con eso tratará de llegar a las elecciones del 2011. Si sale airoso, ya hizo su promesa por boca de Néstor Kirchner: "Gobernaremos hasta el 2020". ¿A cuántos generales les escuchamos una frase parecida?









