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Pascual Serrano

Martes, 31 Marzo 2015 12:13
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La estrategia de cualquier organización política debe siempre adaptarse a los resultados prácticos obtenidos. En cualquier guerra la estrategia es uno de los factores claves del éxito o del fracaso. Y la política es sin dudas una guerra, aunque una guerra cuyas armas son las ideas. Para ganar son imprescindibles la crítica y la autocrítica, sin límites.

Las resultados de las recientes elecciones en Andalucía son claros: el bipartidismo está tocado, pero no muerto, ni siquiera herido de muerte, IU se ha hundido, Ciudadanos irrumpe con más fuerza de la esperada, el PP se hunde, pero sigue siendo la segunda opción más votada, el PSOE se mantiene como el partido hegemónico, y Podemos irrumpe con fuerza, pero con menos de la esperada. Los resultados en Andalucía no son totalmente extrapolables al resto de España, pero lo que está claro también es que Andalucía no es ajena a España. Creo que tanto en IU como en Podemos debe plantearse un debate urgente sobre sus respectivas estrategias. Urgente porque dentro de poco tenemos nuevas citas en las urnas. El tiempo juega en contra.

IU debe tener claro de una vez por todas que su estrategia de actuar como un mero apéndice del PSOE la condena a ser una fuerza testimonial, incluso la amenaza con desaparecer de las instituciones. No olvidemos que ya estuvo a punto de hacerlo en el pasado cuando aún no existía un Podemos. No puede ser que al mismo tiempo que se critica al bipartidismo, que se dice que el PP y el PSOE son lo mismo, se gobierne con uno de ellos. La lección de Andalucía es obvia. Y debe aplicarse para el resto de España. Penosa imagen da una organización que en una comunidad autónoma emplea una estrategia y en otra la contraria. Un partido debe tener cierta cohesión, respetando las peculiaridades locales, pero con ciertas líneas rojas que nadie puede traspasar. Una de esas líneas rojas es la estrategia general. No hablemos ya de las divisiones internas, del sectarismo, de las corruptelas, etc., que ha padecido IU desde hace demasiado tiempo. En mi humilde opinión, o IU espabila de una vez por todas o que sus mejores cuadros, que sus militantes más combativos, se integren en otra organización que sirva mejor a los intereses de las clases populares. Y esa organización es, ahora mismo, sin lugar a dudas, Podemos. Un partido político es un instrumento, un medio, y no un fin en sí mismo. Si dicho instrumento ya no vale habrá que proveerse de otro. Hay que ser sobre todo fieles a los principios, a los ciudadanos más necesitados, al proletariado, y no tanto a las organizaciones. No hay que caer en el “fetichismo de las organizaciones”.

Lo verdaderamente importante es proveerse de ese instrumento político (ya sea un partido o una coalición de partidos) que sea capaz de concentrar los votos de las clases populares, de todos aquellos ciudadanos que reclaman verdaderos cambios. Porque como nos demuestra obstinadamente la realidad, la clave está en el voto. Las movilizaciones populares en las calles son imprescindibles, pero insuficientes. De poco sirve que incluso millones de personas se manifiesten en las calles si luego muchos más millones votan a los enemigos del pueblo. No importa el nombre que tenga dicho partido o frente, ni quien lo lidere. Siempre que se tenga la capacidad de arrastrar a las masas. Lo realmente importante es su programa y su metodología. Un programa que pivote alrededor de dos ejes centrales: rescate ciudadano y proceso constituyente, es decir, democracia real, regeneración democrática profunda. Una metodología que sea radicalmente democrática, que dé el protagonismo a la ciudadanía, a las bases, con la máxima transparencia. Para tener credibilidad ante el electorado hay que ser ejemplar, hay que practicar la coherencia. Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que en el momento presente es Podemos quien tiene mayores posibilidades de vertebrar la imprescindible unidad popular. Lo que no veo tan claro es si Podemos solo puede hacerlo.

La única explicación satisfactoria que podemos encontrar al “misterio” de que muchos ciudadanos, de las clases populares, sigan votando a sus verdugos, al PSOE, al PP, o a otros partidos que defienden básicamente lo mismo, ya sean viejos o nuevos (como Ciudadanos, el necesario recambio del sistema para que todo siga esencialmente igual), es la inconciencia o la falsa conciencia. La clave para cambiar el voto masivamente reside en la conciencia. Y para ello es ineludible tener en cuenta los prejuicios que tienen muchos ciudadanos. Prejuicios impregnados en sus mentes durante décadas de monopolio ideológico del sistema establecido, de las élites que controlan los transmisores de ideas en la sociedad, los grandes medios de comunicación, los creadores de opinión disfrazados de medios de información. No se puede combatir esos prejuicios sin tenerlos en cuenta. Uno de los factores del éxito de Podemos comparado con el fracaso de IU es la estrategia frente a esos prejuicios. Para combatirlos hay que prescindir de las banderas ideológicas tradicionales y centrarse en las ideas, prescindir de etiquetas y concentrarse en los contenidos. Por esto, entre otros motivos, Podemos en muy poco tiempo ha logrado mucho más que IU en tantos años. El éxito de Podemos es también consecuencia del fracaso de IU. Podemos ha llegado donde ha llegado por sus propias virtudes, pero también por los errores de la izquierda tradicional.

Ahora bien, los resultados de Podemos en las elecciones andaluzas, por debajo de las expectativas, invitan a la reflexión en el seno de dicha organización. Podemos ha tomado buena nota de muchos de los errores que IU ha cometido durante tantos años, pero no está exento de cometer también errores, nuevos o viejos, incluso de repetir algunos de los errores cometidos por la vieja izquierda. Y uno de esos posibles errores consiste en encerrarse en sí mismo, en no adaptarse rápida y continuamente a una realidad que cambia constantemente. Soy muy consciente de que todo esto que digo es fácil decirlo, es fácil hablar de cosas genéricas, lo complicado es traducirlas a lo concreto, lo difícil es pasar de las generalidades a los detalles. No digamos ya pasar de las palabras a los hechos. La realidad es muy compleja y sólo podemos aspirar a comprenderla en parte. Los datos objetivos pueden interpretarse de muchas maneras. En esa interpretación está la clave para readaptar la estrategia acertadamente o no.

A continuación voy a indicar lo que en mi modesta opinión (la cual, por supuesto, puede estar equivocada) son errores que debería corregir Podemos para que el cambio político sea finalmente posible en nuestro país, no se frustre:

1) Me parece un grave error afirmar tan alegre y contundentemente que el cambio es irreversible, que Podemos va a ganar las elecciones generales. El cambio no será real si no gana con suficiente mayoría un partido (o coalición de partidos) dispuesto a hacerlo. Incluso en el caso de una victoria abrumadora de Podemos éste tendrá muy difícil llevarlo a cabo. Tendrá mil y un obstáculos, a nivel nacional e internacional, necesitará un apoyo popular masivo y sostenido en las calles, requerirá una ciudadanía muy activa. Comprendo que hay que transmitir optimismo, que hay que combatir el derrotismo, pero nunca hay que caer en el triunfalismo o en la arrogancia. Además, ese tipo de afirmaciones incitan sin querer a la apatía. Si el cambio es inevitable para qué movilizarse, para qué votar, para qué esforzarse, puede pensar mucha gente. Creo que los portavoces de Podemos deben ser mucho más prudentes. La historia está llena de ejemplos que muestran claramente que nada es irreversible. Lo ocurrido en Andalucía demuestra sin paliativos que hay que ser más modestos. Lo cual no significa dejar de ser ambiciosos, hay que seguir aspirando a gobernar con una amplia mayoría. Este tropiezo andaluz puede ser una necesaria lección de humildad para Podemos (que estaba sufriendo el síndrome del crecimiento demasiado rápido). Pienso que es suficiente con transmitir la idea de que el cambio es muy posible, que está al alcance de nuestras manos, lo cual dependerá sobre todo de los ciudadanos.

2) Hay que plantearse seriamente la posibilidad de construir alianzas electorales con otras formaciones políticas (no sólo para las elecciones municipales), de abrirse no sólo a ciudadanos que actúen individualmente, sino también a otras organizaciones políticas y sociales. Por supuesto que no se trata de crear una sopa de siglas, de negociaciones entre líderes a espaldas de las bases, pero no puede descartarse que el voto se esté dividiendo entre formaciones cuyos programas son casi idénticos. Dispersión de votos que la ley electoral castiga implacablemente. Este tema hay que pensárselo muy bien pues las alianzas pueden ser un acicate o un obstáculo. Está claro, por un lado, véase lo que le ha ocurrido a IU, que un pacto con el PSOE (incluso mínimo, aunque sólo fuese para permitir su investidura en Andalucía) sería un suicidio político. Por otro lado, no está claro si coaligarse con IU puede ser beneficioso o no. Como ya indiqué en la unidad popular, yo reconozco que tengo muchas dudas, pero también creo que esto debe debatirse mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora, dando también voz a las bases, a los ciudadanos en general. También pienso que no es muy acertado usar “marcas” distintas para las distintas elecciones, considero que dicho instrumento político que canalice la unidad popular debe tener un mismo nombre para todos los ámbitos geográficos. La proliferación de nombres puede despistar a la ciudadanía, no añadamos más confusión a la ya existente.

3) Hay que combatir con contundencia la amenaza que supone Ciudadanos para Podemos o el frente electoral que se constituya. Ese “nuevo” partido puede restarle muchos votos, como tal vez ya lo haya hecho en las elecciones andaluzas. La “operación Ciudadanos” puesta en marcha por el sistema para contrarrestar el “efecto Podemos” empieza a tener éxito. Hay que acorralar a los portavoces de Ciudadanos en público, intentar que se pronuncien sobre los temas en los que sabemos que no suponen una verdadera alternativa al sistema establecido, insistiendo en aquellas cuestiones en las que Podemos sí lo es frente a ellos, hay que desenmascarar ante la ciudadanía a esos falsos profetas. El sistema no lo hará por nosotros. Ciudadanos no va a sufrir el acoso mediático que ha padecido Podemos, todo lo contrario. Podemos debe hacerle ver a la gente el doble rasero empleado por la casta mediática. Expliquemos a la ciudadanía qué ha hecho Ciudadanos en el parlamento catalán, de qué lado ha votado, qué propone, hablemos de sus imputados, de la actitud de esos “periodistas” de la casta frente a ellos,… Nunca hay que perder de vista que mucha gente todavía está muy desinformada, sólo ve la televisión. Hay que combatir la operación Ciudadanos, puesta en marcha con el claro objetivo de que Podemos, por lo menos, deje de crecer. Hay que contraatacar. Nunca hay que subestimar al enemigo.

4) No se debe depender excesivamente de los viejos medios de propaganda , en posesión de nuestros enemigos. Por supuesto, nunca hay que desaprovechar las ocasiones de usarlos para nuestra causa. Grave error es no acudir a la televisión a debatir con nuestros enemigos para acudir a un mitin de unos pocos cientos de personas. Debe hacerse una labor continua de propaganda (pero diferente a la de nuestros enemigos, con propuestas muy concretas) tanto en las televisiones como en los barrios y en los pueblos (y no sólo durante las campañas electorales). Esto implica mucho trabajo. Para lo cual hay que distribuirlo todo lo posible. Hay que movilizar a las bases, éstas no deben limitarse a escuchar, a aplaudir, a vitorear, a dejarse convencer, también deben participar activamente en la concienciación de sus respectivos ámbitos sociales particulares (ver Los límites de Podemos). Los círculos Podemos pueden y deben desempeñar un papel primordial para contrarrestar la desinformación y para hacer llegar a la gente corriente que sólo se “informa” a través de la caja tonta lo que en verdad defendemos, lo que en verdad hacen y defienden nuestros enemigos. Si cada uno de nosotros es capaz de convencer a unos pocos y a su vez éstos siguen la labor de convencer a otros entonces sí será posible dar ese necesario salto para que se produzcan cambios políticos reales en nuestro país. Repito: no podemos permitirnos el lujo de jugar todo a una carta, carta que encima no controlamos, la controlan nuestros enemigos, debemos diversificar todo lo posible las formas de llegar a la gente, con medios tradicionales y nuevos, ajenos y propios.

5) Siempre hay que dar todas las explicaciones posibles y a tiempo. Grave error fue la tardanza de Juan Carlos Monedero para comparecer en rueda de prensa. Si aún no se dispone de los papeles necesarios para corroborar las afirmaciones, como mínimo, habrá que decir, cuantas veces sean precisas, que se va a dar explicaciones en breve, explicar las causas del retraso. Nunca hay que negarse a contestar a ningún periodista, ni siquiera a los más hostiles. La casta no se quedará de brazos cruzados y continuarán los ataques a Podemos a medida que se acerquen las citas electorales. Todo dependerá también de si dicha formación crece o se estanca. Cuanto más crezca más atacada será. Debemos estar preparados y saber cómo defendernos, además de contraatacar. Cualquier error que cometamos, por pequeño que sea, lo pagaremos muy caro, a diferencia de nuestros enemigos. Quien lucha contra el sistema establecido debe saber a qué atenerse.

6) Desconfiemos aún más de las encuestas. No dejemos que nos condicionen demasiado en nuestra ardua labor. Las verdaderas encuestas son las urnas. Las encuestas pueden jugarnos malas pasadas, tanto en un sentido como en otro. Tanto para hacernos creer que no tenemos nada que hacer porque no tenemos opciones como para hacernos creer que no hace falta hacer mucho porque tenemos el éxito garantizado. Trabajemos insistentemente sin depender de ellas, sin nunca perder de vista que el pueblo es voluble, que tan pronto puede apoyarnos como dejar de hacerlo. Y más, si cabe, en los tiempos tan convulsos que estamos viviendo. Quienes controlan los medios de comunicación, quienes controlan los resortes del Estado, saben perfectamente que la opinión pública es muy maleable.

No tenemos el éxito garantizado, no caigamos en la autocomplacencia, no nos acomodemos. Los tropiezos son una oportunidad para mejorar nuestra lucha, para reaccionar, para ser más eficientes. De nosotros depende. El cambio es posible, pero no irreversible. Pensar que es imparable es el peor error de todos, error que no podemos permitirnos, error que nos puede condenar al fracaso. ¡No nos fallemos! Claro que podemos ganar, pero siempre que no perdamos de vista que también podemos perder. La ilusión puede dar paso a la decepción. 

Blog del autor: http://joselopezsanchez.wordpress.com/ 

Martes, 31 Marzo 2015 09:51
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Cuando la semana pasada escuchamos las voces temblorosas y entrecortadas por el teléfono que nos contaban que Miren Peña, -despedida de la empresa multinacional “Faurecia”, de Orkoien, y vecina de Antsoain, de 43 años- se había quitado la vida, se nos cruzaron por la mente todas las maldiciones juntas contra este putrefacto sistema. No, no era indignación. Era y es mucho más. No era un caso más de denegación de la reestructuración de la deuda hipotecaria, por parte de la Caja Laboral. No es un caso más de sana indignación ante las injusticias sociales y los recortes del neoliberalismo. Estamos ante un relato, puro y duro, de recrudecimiento de la lucha de clases y del comportamiento habitual de las patronales y de la banca. Ante las luchas contestatarias y reivindicativas de las trabajadoras y trabajadores y de activistas de la PAH, los poderosos dueños del capital responden con lo que tienen a mano: despidos, represión, chantaje, acoso laboral, incremento de la explotación, amenaza de desahucio,...

Miren Peña no era una pobre mujer, arrinconada en su casa hipotecada, sin trabajo, a punto de perder el subsidio, despedida, vulnerable e incapaz. Era, y sigue siendo en nuestra memoria, una mujer luchadora, afiliada al sindicato LAB, que se opuso de forma tenaz y en colectivo a los despidos y a los planes de reestructuración de la empresa en la que trabajaba. No aceptó de ninguna forma las rebajas de salarios, para “salvar la empresa”, ni los despidos “de unos pocos” para el mantenimiento de los demás puestos de trabajo, que era lo que negociaba el sindicato UGT con la patronal. Y por esto –por mujer, por luchadora, por sindicalista de LAB- fue despedida hace dos años por la multinacional “Faurecia”, en Orkoien.

Miren Peña hace dos años fue “seleccionada” por su patronal de “Faurecia” para poner en práctica el plan negociado de despidos a la carta. La selección no era casual. No se trataba de prescindir de once trabajadores. Se trataba de despedir a las once personas que el jefe de Recursos Humanos iba eligiendo cada día. Y eligieron a las personas más relevantes en la lucha, a las más incómodas para la patronal, a las que no habían aceptado la política de complicidad y concertación con los jefes, a las que habían denunciado a la representación de UGT por sus maniobras contra el personal.

En el comunicado difundido para la manifestación que se ha realizado para este sábado se explica claramente este aspecto:

Ella fue despedida de manera discriminatoria e injustificada por Faurecia junto con 10 compañeros, con el único objetivo de machacar y chantajear a la plantilla para que aceptara el empeoramiento de sus condiciones de trabajo. Año y medio más tarde, Faurecia ha contratado a 36 eventuales vinculados a UGT y se meten 4.316 horas extras. En el año 2014, el grupo Faurecia ha tenido 166 millones de euros de beneficio”.

Mientras ha estado en el paro, esta mujer luchadora, se ha presentado en la empresa varias veces a solicitar trabajo, de nuevo. La dirección de recursos humanos ni siquiera le ha dejado traspasar la valla exterior. Entre los 36 contratos eventuales, ninguno era para las once personas despedidas que habían osado enfrentarse a estas políticas represivas. Tampoco para Miren Peña eran estos contratos, ni el exceso de horas extras daban lugar a nuevas ofertas de trabajo para ella.

Hay que decir que la respuesta ha sido rápida y contundente. Las compañeras y compañeros de la PAH han señalado el objetivo concreto, pues mediante una carta, la Caja Laboral le había denegado el protocolo de buenas prácticas. Y así las oficinas de la Caja Laboral han recibido la visita constante de protesta para visibilizar las políticas de rapiña bancaria y denunciar la malas prácticas usureras de la entidad.

El Ayuntamiento de Orkoien, lugar donde se ubica la empresa, ha declarado persona “non grata” al jefe de recursos humanos de la empresa, que vive en la localidad, en un pleno no exento de tensión, pero también de emoción y reivindicación, por la solidaridad y el apoyo demostrado.

Su pueblo, Antsoain, también ha protagonizado expresiones de solidaridad para la familia, de recuerdo para ella y de agradecimientos para la gente que participa en las PAH y en el sindicato LAB, sus referencias de actividad.

Lógicamente hay quien no se muestra ni tan solidario, ni tan reivindicativo en estas movilizaciones. Resulta que ahora el sindicato UGT, pieza esencial en el plan de despidos de la empresa “Faurecia”, que ha jugado la clásica y constante carta de este modelo de sindicatos llamados de “concertación”, pretende rebotar hacia quienes plantaron cara y lucharon la responsabilidad del timo “Faurecia”. Anuncia, además querellas y demás acciones legales contra LAB y los demás que denuncien los atropellos de la empresa y la connivencia sindical.

Sin embargo las denuncias al sindicato UGT-Navarra, no provienen de las filas de LAB y de la PAH únicamente. Ya en el año 2011, un año antes de los despidos, la propia Sección sindical de UGT de la empresa denunciaba la actuación de su propio sindicato, en términos tan duros como los que siguen: “queremos informar y denunciar, la vil y barriobajera actuación de la que estamos siendo objeto por parte de nuestros sindicato, que en colaboración con la empresa... de una manera traidora, con alevosía y premeditación a espaldas nuestras, se están dedicando a conformar una candidatura como UGT para presentarse a las próximas elecciones”.

Ante estas políticas represivas de las patronales, que utilizan a los sindicatos serviles en contra de los intereses de clase y de las propias trabajadoras, no queda otra que la denuncia frontal e impenitente. Miren Peña fue una de las personas que así lo entendieron y lo hicieron y no se doblegó frente al chantaje y a la presión. Incluso, desde la situación de parada, con dificultad extrema para encontrar otro puesto de trabajo, se enroló en las filas de la PAH para enfrentarse a las políticas bancarias, parejas de las de la patronal. Nosotras no olvidamos, ni perdonamos. Miren! Gogoan zaitugu! (Te recordamos).

Autora: Begoña Zabala, sindicalista de LAB

Lunes, 30 Marzo 2015 22:01
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Si se trata de analizar el papel de Podemos en las recientes elecciones andaluzas conviene partir del sobrio realismo con el que, por ejemplo, un medio mainstream muy serio como Le Monde resume los resultados: “el partido de la izquierda radical obtiene el 15% de los sufragios: una escalada no desdeñable, pero lejos del tsunami político que algunos auguraban”. Este es uno de esos casos en el que todo el mundo sabía lo que iba a pasar y en el que ese saber no sirve para neutralizar ningún efecto: porque todo el mundo sabía también que lo que no podía pasar iba a ser más determinante que lo que iba inevitablemente a pasar. Este bucle perfecto y fatal formaba parte, por supuesto, del acertadísimo cálculo de Susana Díaz cuando decidió anticipar los comicios. Podemos no podía ganar las elecciones andaluzas y tampoco -pese a las últimas y engañosas encuestas- acercarse al PP. En un reciente artículo, el siempre lúcido Manolo Monereo explicaba muy bien las razones, describiendo con gran elegancia lo que él llama el “régimen andaluz” del PSOE, una estructura de poder en la que lo subjetivo y lo objetivo se calzan -valvas cerradas de molusco- a través de un populismo hasta tal punto poderoso que Susana Díaz puede presentarse al mismo tiempo como gobierno y como oposición, como su propia continuidad y como su propio cambio, algo que muy pocos partidos -el PRI en México o el peronismo en Argentina- han logrado. Es desde este “régimen” interior, con sus votantes prevaricadores votando contra sus propios principios, desde donde el PSOE busca salvarse a sí mismo y salvar el “régimen” nacional del 78.

Pero si se sabía lo que iba a pasar, ¿por qué tanto la derecha como la izquierda hablan de “decepción” en relación con Podemos? Y sobre todo, ¿por qué esa “decepción” amenaza con introducir efectos más “reales” que los realmente buenos resultados obtenidos? Porque, por una paradoja inscrita en la propia consistencia sociológica del bipartidismo, Podemos sólo puede crecer de manera exponencial o “crematística”, a contrapelo de la realidad, mediante un impulso directamente “subjetivo”, en paralelo, si se quiere, a todas las expectativas. Podemos ha crecido así en el último año, acostumbrándonos a esperar lo inesperado, a confiar ciegamente en la sorpresa, mientras el régimen del 78 trabajaba para utilizar en su favor esta desmesura, consciente del fatalismo de la carrera podemita; es decir, consciente de que una victoria parcial o realista era ya una derrota, como para un banco o una empresa una menor ganancia es ya la ruina. Dentro y fuera de Podemos, con desánimo o con júbilo, se entiende que la “victoria parcial” en Andalucía, obtenida en las condiciones más adversas y en una campaña más marcada por la falta de tiempo que por la falta de talento, es un freno muy serio en las ambiciones transformadoras de la jovencísima y ya provecta fuerza política.

Podemos tenía que ser y no podía ser un tsunami en Andalucía. En el interior y en los aledaños de Podemos no se debería perder mucho tiempo en discutir sobre la responsabilidad de que no haya ocurrido lo que no podía ocurrir; es decir, sobre la responsabilidad de este excelente mal resultado. En la izquierda seguimos teniendo una fatal tendencia al monismo y, por lo tanto, a las oposiciones binarias. No me parece productivo gastar energías en averiguar -unos contra otros- si hubiesen cambiado los resultados con una candidatura y una campaña más o menos radical y “movimentista”; por muy importante que sea ese debate y cualquiera que haya podido ser la influencia de este factor en los electores, parece evidente que lo decisivo había ocurrido antes y fuera. Al populismo carnal del “régimen andaluz” se añadieron dos elementos erosivos vinculados a la raíz original de Podemos. Mientras que el “cansancio del bipartidismo” tiene un fundamento objetivo, o porque tiene un fundamente objetivo, la ruptura sólo puede apoyarse en una palanca desnuda -y apolíticamente- subjetiva. Nos puede parecer descorazonador que el no-caso Monedero y el no-caso Venezuela, a los que se respondió de manera lenta y torpe, haya hecho más daño a Podemos que el sí-caso de los ERE al PSOE; y nos puede parecer preocupante que Ciudadanos, un Podemos de derechas promovido desde el “régimen”, venga a disputar a Podemos la “centralidad” del tablero. Pero entre las condiciones objetivas de las que Podemos partía se encontraba, como su peldaño mismo, la de su impulso y su vulnerabilidad subjetiva. Es muy fácil hacer mucho daño -o robarle espacio- a un proyecto que depende de manera muy directa del liderazgo mediático y del entusiasmo virginal de la gente. Sería inútil negar que Podemos ha sufrido un desgaste en estos dos terrenos, y el hecho de que este desgaste haya sido inducido -y hasta criminalmente inducido- por los medios de comunicación debería consolar muy poco. Este era otro dato con el que también se contaba desde el principio.

No creo que la discusión deba centrarse, pues, en si debemos ir más despacio o sólo se puede ganar de un salto o al asalto (si guerra de posiciones o de movimientos, por recordar la terminología gramsciana popularizada por Podemos). Si nos obligan a ir más despacio habrá que ir más despacio, aún a riesgo de convertirse en una nueva IU con unos pocos más votos y bastante menos discurso. Pero ni debemos desdeñar los peligros ni resignarnos a este destino. De las elecciones andaluzas Podemos sale debilitado en el frente mediático, con un Pablo Iglesias frágil y descentrado, y en su élan popular, deprimido por los ataques mediáticos y la paradójica “decepción” del buen resultado electoral. Como decía en un artículo anterior, se pueden hacer las cosas mal y salir bien y también al revés; la alianza entre el bipartidismo y los medios ha llevado ahora a Podemos a una situación en la que ni hacer las cosas bien garantiza el resultado. Pero nada está perdido. La propia velocidad de los cortísimos ciclos políticos y electorales, que redistribuye sin parar a todos los actores en una relación de fuerzas muy cambiante, así como la pugna intrarrégimen, abre posibilidades -quizás cada vez más estrechas, pero no nulas- de intervención. Si se trata de recuperar el paso mediático y la ilusión explosiva de la gente, es probable que el inevitable enfrentamiento PP-Ciudadanos y el desplazamiento de la atención mediática hacia nuestros candidatos autonómicos y municipales (en Madrid excelentes) conceda un respiro a Podemos. Pero si se trata de recuperar el paso mediático y la ilusión de la gente (evitando convertirse en un nuevo IU incapaz de transformaciones decisivas) Podemos debería aprovechar el nuevo ciclo electoral y el previsible respiro mediático para introducir más discurso, no menos, y más definido, no más ambiguo. No sólo la propia coherencia y el agotamiento mediático del tema de la “casta” y la corrupción (que empieza a volverse dolosamente contra los podemitas), también la irrupción de Ciudadanos, un Podemos de derechas que se asienta mimético en la “centralidad del tablero”, obliga a Podemos a hacer propuestas concretas y claras, transversales y de fuerte contenido social, como única forma de reenganchar al mismo tiempo con el medio televisivo y con el “sentido común” de la gente.

En la España roída por la crisis y sacudida por Podemos no hay nada definitivo; vivimos en un país ciclotímico y cuánticamente inestable. Las elecciones andaluzas son sólo el umbral de una nueva incertidumbre y en los dos próximos meses la espina dorsal subjetiva del electorado, tan vulnerable para bien y para mal, puede cambiar muchas veces de contenido e inclinación. No se trata de si conviene ganar despacio o deprisa; se trata de que tanto despacio como deprisa podemos -y sólo podemos- ganarlo todo o perderlo todo. Para Podemos, con todas sus energías concentradas hasta ahora en el proceso de constitución interna (tan democrático que no se ha hecho otra cosa que preparar y votar primarias), es el momento de replantearse la estrategia comunicativa, de afinar y concretar los programas y de trabajar en la calle para espumar ese entusiasmo que sigue ahí, más acechante que dormido, dispuesto a verterse en cualquier molde real de cambio: real en el sentido de que pueda ganar, pero real asimismo porque pueda ganar de otra manera y en otra dirección. Votantes largamente resignados a prevaricar en favor del PSOE o del PP sólo votarán a una opción de cambio ganadora. Pero tiene que ser “de cambio”. Si somos lo mismo, despacio o deprisa llegaremos al mismo sitio; y para eso la gente preferirá seguir prevaricando en favor del PSOE o votar a Ciudadanos, que ofrece al menos el pequeño cambio -respecto del PP- de no llamarse PP.

Las elecciones andaluzas no son el final de nada. Lo malo es que ha ocurrido exactamente lo que hace dos meses se consideraba bueno. Exactamente lo que quería el bipartidismo dominante: que la desmesura Podemos se fijara en un molde institucional realista. Lo bueno es justamente que Podemos, gracias a su excelente mal resultado, ya está dentro del tablero institucional; y que el bipartidismo -en contra de lo que el régimen andaluz puede hacer creer- es tan frágil como un barquillo. A partir de ahí, recordémoslo, el año del cambio no ha hecho más que comenzar.

Autor: Santiago Alba Rico, filósofo y escritor

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2015/03/28/podemos-en-andalucia-el-sinsabor-de-lo-esperado/7020

 

Lunes, 30 Marzo 2015 15:03
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Lunes, 23 Marzo 2015 20:19
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Parece inevitable que las revoluciones, como los partos, tributen al dolor y al miedo. En el caso de las revoluciones sociales es justo reconocer también que una gran parte de ese dolor no lo producen los revolucionarios, por una obvia voluntad de venganza, sino los poderes deshonestos del sistema a derribar que, desnudos ya de moral, se niegan a soltar la presa. Para ello recurren a mil descarados expedientes que convierten en dogmática y única realidad, como es atribuir a su modelo de sociedad unas dimensiones de justicia y libertad que no tienen más sustancia que aquella que ellos les dan a través de un largo periodo de opresión en que la razón se convierte en única, incluso en el espíritu del oprimido. Apropiándome de una imagen teológica que usa Raimundo Panikkar podría decirse de esta invasión de la razón, para destruir la multiplicidad de su uso y reducirla a una dimensión única, que «si el individuo humano es una gota de agua al lado de otras tantas gotas, cuando entra en el piélago de la divinidad (en este caso el sistema establecido) queda convertida en la inmensidad de todo el océano y lo que era una gota es ahora el todo, el mar sin límites». El ayuno de saber lo adquiere por adhesión al poderoso. En suma, que la posible disensión respecto a lo existente se transforma en un acto que ahora suele calificarse según una escala que va desde la denigración por ignorancia hasta el terrorismo. Lo grave es que, mediante el furor del dominante, el terrorismo acaba muchas veces por ser la llave para abrir la puerta de la innovación social necesaria. ¿Cabe negar, estando las cosas así, la responsabilidad de los que han inmovilizado la sociedad y la han reducido a algo intelectualmente misérrimo mediante la letalidad de sus comportamientos autocráticos? Usemos la decente libertad en el juicio y llegaremos a una conclusión estremecedora.


Cuando se llega a este extremo de falsificación del medio cabe preguntarse en el seno de comunidades como la cristiana, a la pertenezco con no poco dolor interno, muchas cosas acerca del valor del comunismo como vía de retorno hacia la dignidad del individuo. El enredo intelectual es de tal dimensión que he llegado a pensar si podría salir de él mediante una audaz paradoja consistente en propugnar un comunismo espiritual unido a un materialismo cristiano. Invitar a construir un camino por donde circule la gran realidad del pueblo como algo trascendente, al par que la voluntad respaldada por la fe en lo liberador se vuelque en la construcción de un mundo material que de paz y confortabilidad al ser que hace las cosas.

Creo radicalmente en dos dimensiones que dibujan en su totalidad profunda al ser humano: la dimensión espiritual, que le da dignidad –el hombre no se revoluciona solo por el hambre sino, y sobre todo, por su dignidad maltratada– y la dimensión material, que le exige alzarse hora a hora sobre su elementalidad. Dos dimensiones que están imbricadas de tal modo profundo y estrecho que sin su simbiosis no acontece la personalidad, que «se realiza –y vuelvo a Panikkar– cuanto más se pierde (la tosca) individualidad y se adentra en la comunión», en el «tú» de lo colectivo.


Comunismo o colectivismo. Cualquiera de las dos denominaciones tiene la misma energía innovadora que respalda el funcionamiento social. La época del individualismo como generador de toda creación o progreso es tan solo un recuerdo. Tan evidente resulta esta realidad que el mismo sistema de las minorías poderosas ha renunciado a los principios del liberalismo burgués que se extendió de los siglos XVIII a principios del XX para acabar apoyándose hoy en lo colectivo, aunque en este caso estemos ante un protervo colectivismo de élites que aúnan fuerzas para impedir que el pueblo disgregado salga del suburbio en que ha sido recluido por la violencia física y la conspiración intelectual. Este colectivismo o unión de los poderosos es lo que denominamos como globalización. Quizá la globalización, si recurrimos a las categorías marxistas del lenguaje para denominarlo correctamente, constituya ahora el opio de los pueblos aún encogidos por el espectáculo de luz y color que ha desplegado el capitalismo internacional.


En este momento histórico sectores ya apreciables por su volumen de la ciudadanía trabajadora se mantienen expectantes ante la fuerza múltiplemente armada de los poderosos. Disminuye la cifra de los que se habían expatriado de la conciencia y empieza a percibirse un enfrentamiento más decidido sobre el filo de la navaja. Aparecen las vanguardias que tantos hemos reclamado para plantear una batalla coherente. El reciente fenómeno griego en Europa –sea cual sea el resultado temporal del mismo– y otras conmociones en América Latina certifican lo que digo. Lo que estas manifestaciones sísmicas significan para abrir la puerta a un nuevo mundo lo ponen de relieve los feroces ataques de que son objeto por parte de las instituciones del imperio, sus medios de información y el férreo control que es ejercido por sus medios universitarios y de formación. Una turbamulta de congresos, foros, clubs secretos y otras manifestaciones por el estilo, añadidas a una legalidad puramente circunstancial y a una justicia cautiva tratan de contener un movimiento colectivista que podría acabar, más pronto que tarde, en una unión internacional con perfiles revolucionarios. Hay que añadir que los estados, que forman el núcleo duro del sistema neocapitalista, se encuentran atrapados en unas contradicciones económicas y sociales insuperables. Una cifra rápidamente creciente de parados en todo el mundo y de trabajadores precariadizados van lastrando una sociedad incapaz del consumo necesario. El tono social es visiblemente pobre y la riqueza se concentra sobre sí misma hasta volverse imposible.

Los mismos centros de la dirección religiosa, que levantaron ideologías propulsoras de clases medias tan necesarias para ordenar y sostener enérgicamente las estructuras capitalistas –iglesias anglicanas, luteranas o extrañamente evangélicas– están vaciándose de capacidad de control. Por su parte una Iglesia tan importante como la romana está regida por un pontífice que ha iniciado un regreso enérgico hacia un cristianismo de realidades humanas por completo incompatible con las formas económicas de riqueza aún dominantes, aunque dramáticamente dominantes.


La economía habrá de girar desde unos objetivos financieros, con predominio del dinero como única mercancía absoluta, a unas finalidades humanas, y esto no solo por razones de justicia social, con ser moralmente fundamentales, sin por exigencias estructurales. Desde una práctica capitalista, la informatización de la producción llevará a dos puertos inservibles: una producción irracionalmente densa y sin posible consumo por un desempleo creciente y además de calidad –en un reportaje norteamericano hablaban de sus despidos directivos muy cualificados– y una autofagia empresarial con unas necesidades de capital imposibles de satisfacer sin la creación virtual de un dinero que por carecer de un origen real no permitirá el equilibrio monetario y generará un sobrepeso ruinoso en la dinámica capitalista.

Las contradicciones se acumulan y denuncian ya la eclosión masiva de paradojas que solamente una nueva civilización colectivista con su cultura correspondiente puede resolver.

Lunes, 23 Marzo 2015 09:38
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